Faenón y dos orejas en la Monumental
El Cid ha hecho el mejor homenaje que se puede hacer a una plaza, a una afición y una ciudad amenazada por la intansigencia de políticos que pueden acabar el próximo míercoles con la presencia de los toros en esa comunidad autónoma: el mejor toreo. Manuel Jesús cuajó a su primero una faena de altísimo nivel, una auténtica obra de arte que bien serviría para reivindicar los valores culturales de la fiesta ante tanta voz dispuesta a negarla.
Barcelona ha visto esta tarde al mejor Cid, a un torero capaz de cuajar de principio a fin a un toro y de torearlo desde la premisa de un bien escaso en nuestros tiempos: la pureza. Bien es cierto que el toro de Torrehandilla se prestó y fue un buen colaborador, pero el toreo de El Cid se convirtió en sublime con ambas manos, pero en especial al natural, aprovechando cada una de las embestidas de este animal para construir una sinfonía de toreo.
Redondo, centrado, artista, profundo..., todos esos calificativos caben a la actuación del torero de Salteras, que dio un golpe sobre la mesa del toreo en una plaza con tanta tradición y relevancia como la de Barcelona.
Pero no fue tarde de una sola faena. El Cid estuvo muy por encima también del segundo de su lote, haciéndole una faena importante sólo limitada por la condición del toro, que se vino abajo después de un excelente comienzo por el pitón derecho y una tanda más al natural. El Cid no tiró la toalla cuando el toro se desinfló, sino que insistió con la intención de completar la faena y su triunfo. En esta ocasión no hubo premio de orejas, pero sí el reconocimiento de una afición con historia que no merece que los vaivenes de la política merme su libertad de ir cada tarde a los toros.
Fotos: Aplausos
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